Por: Jessica Loher
La segunda película de Daniel Bandeira, cuenta la historia de Teresa (Malu Galli), una ex diseñadora de modas que tras vivir un evento traumático en las calles de Brasil desarrolla agorafobia, la cual le impide salir de su hogar. Este mecanismo de defensa es confrontado por su esposo Roberto (Tavinho Teixeira) quien la lleva a su casa de campo con la intención de que por fin retome su vida. Dicha propiedad, es mantenida a flote por Antonia (Zuleika Ferreira) y otros empleados quienes ese mismo día –de manera abrupta– se enteran que tendrán que buscar otro lugar donde vivir y trabajar, pues aquel terreno será convertido en un hotel.
Lo que inicia como un viaje de superación del trauma de Teresa se convierte de inmediato en una torcida batalla de resistencia entre los propietarios del terreno y los trabajadores quienes entran en una especie de psicosis en la que toda norma social y comportamiento civilizado queda en el olvido.

Si bien la trama de dos grupos de distintas clases sociales enemistados no es nueva. Es la violencia, el nivel de barbarie y la variedad de personajes presentados en Propiedade lo que la convierte en un ejercicio cinematográfico llamativo. A lo largo de una hora cuarenta, Bandeira entrelaza elementos del thriller y de soft slasher con drama de manera hábil para exponer lo más incómodo de la condición humana.
La audiencia vive junto con Teresa la frustración de no poder ayudar a su esposo, pues mientras ella se resguarda en una camioneta blindada –sin saber muy bien cuál es el motivo de la ira de sus trabajadores–, él está a la merced de los empleados quienes tienen entre sus integrantes a un par de inestables bombas de tiempo que en los momentos menos esperados explotan.

Sin embargo, a pesar de tener claro que se trata de una historia dónde los personajes son llevados al límite, me es imposible no cuestionar este tipo de largometrajes donde se muestra a la clase menos privilegiada como seres atroces, cegados por su sed de venganza y justicia. ¿Son acaso este tipo de películas, un llamado al cambio y la reflexión?
Tal vez, pero el problema no es el contenido, si no la forma en que se narra, pues ya se ha hecho en otros largometrajes como Triangle of Sadness (Ruben Östlund) o en Us (Jordan Peele).
Sin duda, el más reciente largometraje de Daniel Bandeira se une a la lista de películas del subgénero Eat-the-rich! con bombo y platillo pero a la par deja a la audiencia con una sensación agridulce.










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