Film Review #Mórbido2023: Pandemonium

Por: Alondra Jiménez | @dizzymissaloo

La palabra ‘pandemonium’ puede ser definida como un lugar donde hay bullicio, gritos y sobre todo confusión, aunque también es un término usado desde la mitología para referirse a la reunión de los demonios. 

Pandemonium es también el título de la nueva cinta del artista multimedia francés Quarxx, estrenada en Ultra Movies del NIFFF (Nauchâtel International Fantastic Film Festival) y que ahora llega al país como parte de festival Mórbido que tendrá lugar hasta el 12 de noviembre en la Ciudad de México.

La muerte es sin duda una temática recurrente que se aborda en el cine, desde distintas perspectivas, culturas e ideologías y en esta cinta el artista francés recurre a ella para explorar las incógnitas que vienen después de morir: la culpa, el remordimiento y sobre todo hace una invitación al espectador o espectadora a cuestionarse la forma en la nos vemos en un ejercicio de introspección, ¿será que aquello que pensábamos que era bueno, en realidad no lo es?

La historia principal se narra a partir de Nathan (Hugo Dillon), quien tras darse cuenta de que ha muerto en el lugar de un accidente de coche, desconcertado cruza el umbral hacia las profundidades del infierno, donde está condenado a experimentar el dolor de las almas torturadas por el camino, un lugar al que él supone no pertenecer, ya que lo “único malo” fue bajo una justificación solidaria. 

A través de este personaje se construye de la base de la estructura narrativa que se articula con dos historias más que conocemos a través de un acercamiento de Nathan con los cuerpos que se encuentra al descender a esta visión de Quarxx del infierno; cada uno de ellos tiene una historia y un por qué están ahí.

La primera que se encuentra es de una infante cuyo vestuario nos distrae de la realidad: es una psicópata. Protagonizada por Manon Maindivide y su monstruoso  interpretado por Carl Laforêt, quienes entre platos de cereal, sándwiches de mermelada y asesinatos nos dan una historia caracteriza por la locura y la obsesión, la despreocupación de la infancia y unos instintos homicidas incontrolables, que además se convierte en una de las propuestas visuales y con imágenes más toscas de la cinta del artista francés.

Mientras que la otra, con la actuación de Ophélia Kolb y Sidwell Weber, nos narra a una madre y una hija cuyo vínculo se hace más estrecho a partir del dolor de la pérdida, la lucha por aceptar el suicidio de su hija, que sufría acoso escolar, y la culpa que siente de no haberla ayudado pese a las pistas que iba dando sobre su situación.

Si bien cada una de ellas podría funcionar en un formato de una serie de cortometrajes, una de las características más funcionales de la cinta es cómo a través de la angustia, un poco de ironía que se vive como espectador o espectadora, el director hace un tríptico hacia los más oscuro de la antropología: el sentimiento de culpa y el devenir del castigo como consecuencia, desde una noción muy arraigada en la cultura religiosa.


Alondra Jiménez
A veces soy cool, a veces soy nerd y otras no lo sé. Me gusta escribir y hacer fotos. Estudié Comunicación y formo parte de DOQUMENTA.

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