Por: Lily Droeven | @lilydroeven
En esta edición del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) la cineasta Héléna Klotz presentó su segundo largometraje Spirit of Ecstasy en el que la cantante de pop francesa Claire Pommet –internacionalmente conocida como «Pomme»– hace su debut protagónico interpretando a Jeanne, una joven que trabaja en una institución financiera y es una recién graduada de 24 años con una impecable carrera académica en una muy buena escuela de negocios que aspira a conseguir trabajo como analista cuantitativa. Proviene de una familia militar de clase trabajadora. Vive en un distrito militar junto a su padre (Grégorie Colin) un hombre abusivo que la obliga a proveer el dinero en su hogar y a ocuparse de los gastos. También se tiene que hacer cargo de sus dos hermanos más pequeños.

Jeanne tiene un puesto como pasante en un banco de inversiones, pero no duda en demostrar su habilidad en las finanzas señalando los errores cometidos y como pueden resolverlos. Una vez que es ascendida y empieza a trabajar extensas horas laborales, sus colegas masculinos, en especial su jefe, se encargan de ponerla a prueba. Viste lujosas e impecables prendas masculinas y se identifica así misma con el género neutro. “¿Es una de esas tonterías woke? – le pregunta su jefe, “no, soy neutral como los números” – responde Jeanne con total seguridad para confrontar el cuestionamiento. Pese a ello, la idea central de la película no intenta abordar el género y la sexualidad de Jeanne, simplemente se identifica como neutral, es decir, es ya una característica en ella, por lo que Klotz opta en exponer las vivencias de una joven ambiciosa en su intento de sobresalir en la industria financiera dominada por los hombres.

Mientras la película avanza Jeanne logra destacar profesionalmente en una breve reunión con su jefe, al punto de tomarla en cuenta para un nuevo proyecto financiero en Singapur, lo que la llevaría a adentrarse en las altas esferas del distrito financiero en ese otro país teniendo acceso a una vida lujosa. La oportunidad se derrumba cuando su jefe la traiciona, una vez más Jeanne había sufrido discriminación y desigualdad en ese universo patriarcal que se vuelve cada vez más asfixiante para ella. Aquí es cuando la directora hace énfasis en como una mujer joven altamente cualificada se convierte en el detonante que incomoda al patriarcado y terminan por robarle el proyecto y excluirla. Este descenso es un momento crítico en la historia, ya que significa para la protagonista el tener que tomar la decisión de seguir forjándose un camino en la industria financiera o renunciar a ello con la impotencia de no poder gritar ni acudir a nadie para reportar lo ocurrido debido a las dinámicas de poder ejercidas en la industria laboral bajo el dominio masculino.
Por otro lado, es muy notorio que en su entorno profesional se vean más los rostros de los hombres que de las mujeres que trabajan en la institución, podríamos decir que Klotz interpreta esto ante la audiencia para resaltar la preferencia que se les da a los hombres en cualquier entorno profesional sobre las mujeres por lo que a pesar de que la historia es vista bajo el punto de vista de Jeanne, el dominio masculino es mucho mayor, situación que es prevista al inicio de la película ya que podemos observar lo difícil que le será el panorama laboral financiero.

Asimismo, Klotz elabora Spirit of Ecstasy con un toque realista, no solo con la trama central, sino que Jeanne llama la atención al ser una joven ambiciosa que se siente segura de sí misma, con habilidades matemáticas y financieras. No posee ese encanto femenino estereotipado, alejándose de cualquier tipo de objectificación que pudiera recaer sobre ella. En cuanto a su lujoso vestuario masculino, Klotz mencionó en una entrevista que estas prendas le sirven a Jeanne como armadura, es una figura neutral que la propia Jeanne inventa y no existe, pero es ella, como si fuera un uniforme militar, sintiendo que le puede dar cierto poder que le permite formar parte de la élite del dinero y los lujos, poder que dista mucho del mundo al que pertenece.
Las estructuras masculinas de poder a la que Jeanne se enfrenta no sólo están en su hogar y trabajo, también se hace presente cuando inesperadamente tiene un reencuentro con Augustin (Niels Schneider), un joven gendarme que acaba de regresar después de estar en servicio durante cuatro años en África. Debido a lo ocurrido en el pasado, Jeanne tiene sentimientos encontrados hacia él. Entretanto, Augustin cree que lo mejor para ella es estar en la milicia, porque piensa que las instituciones bancarias no la llevarán a ninguna parte, comentario que molesta a Jeanne.

Comparando ambos personajes, Augustin es retratado como esa fortaleza o poder masculino que intenta salvar a la “frágil” Jeanne en sus decisiones, pero la breve historia entre ellos mencionada nos indica que le hizo daño años atrás, hecho que Jeanne le parece perdonar lo que lleva a la reconciliación entre ambos y de ahí surge el romance, lo cual me parece inverosímil, ya que pienso que la directora pudo haber abordado la manera en la que Jeanne confronta las dinámicas patriarcales en su hogar seguido por su enfrentamiento en un mundo en el que se prioriza a los hombres en el campo profesional sobre las mujeres, ya que la presencia de una mujer joven que sobresale en las finanzas, agregando además que se identifica con el género no binario, subvierte a la representación clásica de las mujeres en este ámbito laboral pasando a ser una amenaza hacia el hombre y a la heteronormatividad del mismo.

Si bien Klotz refuerza el discurso que una mujer no binarie puede forjarse una carrera y tener ambiciones en las altas esferas del distrito financiero como una mujer cis –y hasta una mujer trans– se debilita con la subtrama en el que la joven pasó de ser víctima a corresponderle a su agresor como su interés amoroso. Dicho esto, lo que menos necesitaba Jeanne era precisamente un contexto romántico, sobretodo con su agresor sexual del pasado, lo que le resta fortaleza a la narrativa y a su protagonista, sin importar que haya habido un arrepentimiento por parte de Augustin.
Desde la perspectiva de Klotz se quiso abordar los tipos de violencia patriarcal más comunes hacia las mujeres (doméstica, laboral y sexual) con una protagonista desafiante, pero el restarle importancia a una no puede ser meramente justificada. Claire Pommet destacó por su actuación revelación, pero su personaje merecía tener otras posibilidades en su vida.











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