Por: Carime Esquiliano | @carimeconc
An Cailín Ciúin narra la historia de Cáit, una niña quien es enviada por sus negligentes padres a pasar el verano con unos parientes. Es el año de 1981 en algún poblado rural de Irlanda y se habla casi por completo en gaélico, lengua céltica representativa de la región.

La notable ópera prima de Colm Bairéad nos recuerda que, entre tanta super producción hollywoodense, la genialidad está en la simpleza. Bastan unas pocas locaciones recurrentes para la puesta en escena. No hay un diseño de producción monumental ni efectos visuales de ensueño. Los diálogos son escasos pero precisos, así como la misma cinta lo enuncia: hay ocasiones en las que no es necesario decir nada.

Se reconoce la importancia de darle espacio al silencio. Las voces callan para poder escuchar a todo lo demás que habita el lugar.
Como bien el título en español lo anuncia, Cáit es callada. Habla sólo cuando tiene que hacerlo. Su timidez pudiera interpretarse como una reacción secundaria al trato que sus padres tienen hacia ella el cual -claramente- entra dentro de un tipo de apego ambivalente dado que la disponibilidad de sus cuidadores principales nunca es consistente1.

Es allí donde entra a cuadro el peso del vínculo que desarrollará con sus tíos momentáneamente adoptivos. Ella, Eibhlín, tiene un acercamiento muy natural con Cáit y es casi inmediato el cobijo maternal que le proveerá durante el transcurso de las semanas. Él por su parte, Séan, inicialmente pondrá resistencia a la convivencia con Cáit, la cual poco a poco irá desvaneciéndose para dar pie a momentos claves del drama.

La historia entonces propone cuestionamientos con respuestas. ¿Qué es lo que hace a una mujer ser madre y a un hombre padre? ¿En dónde está la maternidad y la paternidad? Está en la presencia constante. En los abrazos. En picar juntas una cebolla en la cocina. En la confianza. En un apego seguro. En una galleta regalada a discreción.

La niña callada conmueve porque es fácil para la audiencia identificarse con los gestos que construyen una vida ordinaria -que es la vida de la mayoría-, así como con los detalles superfluos y rutinarios que conforman el esquema familiar. Un vínculo ambivalente deja un tipo de huella pero uno seguro deja otra. Pasado el verano Cáit regresará a casa sin ser la de antes.
La niña callada que fuera nominada a mejor película internacional en la pasada entrega de los Premios Óscar de la Academia se estrenó en salas cinematográficas del país el pasado 24 de agosto.

Nota. 1De acuerdo con la teoría del apego en las relaciones entre los seres humanos del psicoanalista inglés John Bowlby.











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