Film Review: Red, White, and Royal Blue

Por: Miriam Delgado

Tal vez aún soy muy joven como para reconocer inmediatamente a Uma Thurman cuando aparece interpretando a la primera mujer presidente de los Estado Unidos, pero no tan joven para no asociar la canción Bad Reputation que suena al inicio de Red, White and Royal Blue con 10 Things I Hate About You. Esta canción influenció mis expectativas y con un montaje inicial de screenshots de posts de Instagram acompañándola, supuse que estaba a punto de presenciar una rom-com dosmilera muy adaptada a los años 2020. Y me lleve algo más allá de eso. 

Inspirada en la novela homónima del 2019 y dirigida por Matthew López -el primer Latinoamericano en ganar un premio Tony a mejor obra teatral- Red, White and Royal Blue cuenta la historia de amor adolescente entre el hijo de la primer presidenta de los Estados Unidos y el príncipe de la corona británica, aquí nieto de un rey ficticio. 

Diversas reseñas no se han tentado el corazón en catalogarla como una película LGBTQ+ blanda en el que las líneas parecen salidas de un panfleto de salud sexual, o como que lo único rescatable es el talento de Uma Thurman, a pesar de su “acento texano sospechoso”. Sin embargo, considero que dichos críticos no se tomaron el tiempo de pensar cómo esta representación que llega a un servicio de streaming con el alcance de Amazon Prime Video le caería a la juventud LGBTQ+, a la juventud latinoamericana y a las diversas juventudes que se pueden ver representadas en está película. 

Tenemos que ser sinceros: rara va a ser la persona que pueda ponerse en los zapatos de alguno de los dos jóvenes protagonistas de la película, hijos de las familias más políticamente poderosas del planeta. Pero cuando se trata de una audiencia mexicana, estamos un poco más acostumbrados a disfrutar películas que vienen de nuestro vecino del norte y que nada tienen que ver con nuestra realidad. Hemos crecido viendo historias llenas de autobuses escolares amarillos y bailes escolares a los que los protagonistas atienden cada dos meses. Hemos aprendido a entretenernos y empatizar y divertirnos con realidades que no tienen mucho que ver con la nuestra. Y si este viene siendo el caso, no queda de más empezar a incluir más diversidad en estas comedias románticas. 

A pesar de la desconexión que podamos sentir con el hijo mexicano-estadounidense de la Presidenta de Estados Unidos (interpretado  por  Taylor Zakhar Perez) y el nieto de un Rey británico hipotético  ( Nicholas Galitzine), esta historia trata de humanizarlos y poner a alguien diferente en estas posiciones de poder. El filme nos permite ver cómo sería una realidad en la que un mexicano que llegó a Estados Unidos a los 12 años estuviera casado con la presidenta de ese mismo país, cómo sería que hubiera música latina en una fiesta de Año Nuevo en la Casa Blanca, cómo sería que el hijo de la presidenta hablara español y su papá lo llame “mijo”. Y esto adquiere especial importancia si tomamos en cuenta que 1 de cada 5 estadounidenses es de origen latino

Aparte de la inclusión de la comunidad latina en la Casa Blanca, el elefante en el cuarto que no podemos ignorar y lo que llamó particularmente la atención en esta historia: nos encontramos con una historia de amor LGBTQ+ protagonizada por estos dos jóvenes que en la vida real serían sometidos a un escrutinio social masivo por su orientación sexual, así como lo retrata la película. Quizás no nos encontramos ante los sets más realistas, los actores mejor casteados según la edad que pretenden tener, o la profundidad con la que la historia pudo contar. Pero al final de cuentas, nos encontramos ante una historia de amor adolescente bajo uno de los matices que aún falta explorar más y representar en la pantalla grande y en los servicios de streaming. 

En una de las reseñas previamente mencionadas, el autor observa, en un tono burlón,  cómo le quita realismo a la escena el hecho de que Uma Thurman sugiera que su hijo tome el tratamiento “Truvada” después de que este “salga del clóset” con ella. Truvada, para los que no lo sepan -como fue mi caso- es un tratamiento para prevenir y tratar el VIH/SIDA. Y sí, sinceramente me sorprendió la reacción del personaje de Uma Thurman ante la confesión de su hijo. Pero más allá de verla como algo poco realista, me conmovió por su actitud informada y solidaria con su hijo. Eso sin tomar en consideración que ahora, una de las películas románticas más vistas en su fin de semana de estreno en la historia de Prime Video, está poniendo este tipo de información allá afuera. 

Y aunque la película no arrojara ninguna información relevante y tuviera varios desatinos, como muchas películas adolescentes lo hacen, Red, White and Royal Blue estaría igual en todo su derecho. Porque la comunidad LGBTQ+ merece entretenimiento con personajes que la reflejen y no siempre tienen que cargar con el peso que conlleva ser una de las primeras producciones que retrata a ciertos grupos. Si algún día hubiera un remake LGBTQ+ de The Kissing Booth, de seguro sería sometida a un mayor escrutinio que la versión original. Estos filmes cargan con la responsabilidad de hablar por primera vez de temas que hace tan solo algunos años hubiera sido imposible ver retratados y demostrar que hay una audiencia que los va a consumir, y aparte, tienen una expectativa de lograr ser joyas cinematográficas de A a Z.

La comunidad LGBTQ+ también merece historias adolescentes, conmovedoras, tiernas, irracionales como los «teens» que las protagonizan, y que sean eso y nada más. Mientras, rock dosmilero suena en el fondo. 


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